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Victoria Beckham de free-tour en una comisaría de Beberly Hills

Érase una vez una pija con las piernas como alambres que transitaba por tierras norteamericanas sobre las cuatro ruedas de su británico todoterreno.

De repente, un miembro morcillón de la Dirección General de Tráfico en la versión yanki, le echó el alto a la sílfide para requerirle sus papeles de conducción. Ella, con paso firme, bajó de su carro vestida con una falda negra ceñida, unos zapatófonos a lo “Spice Girl” con una plataforma de diez centímetros y una blusa desabrochada, también negra, que le permitía lucir su maravilloso sujetador amarillo reflectante homologado y reforzado, para una buena visibilidad.

Ni eso ni su sonrisa de oreja a oreja inmutaron al policía Don Bigotes Blancos, quien está más que acostumbrado a las estrellas hollywoodienses de verdad.
Si su reacción ya fue un shock para ella, el informarla de que debía acudir a comisaría para homologar su licencia de conducir británica con la estadounidense ya debía ser más que suficiente motivo para volver a arder Troya.

Finalmente, la aventura sub-osea por las comisarías le hizo perder más de una hora de su precioso tiempo, hasta que se resolvieron todos los papeleos para no conducir clandestinamente.

Colorín, colorado, que sus viajes sean bienaventurados.